Posteado por: Andrés | octubre 19, 2009

Ignorancia y religión

El fin de semana me ha traido a la memoria una de las enseñanzas más básicas que recibí de mis padres: dos no pelean si uno no quiere. Obviamente, hoy en día y en según qué situaciones, esto no se cumple, pero es una buena directriz para un niño pequeño que empieza a mostrar la agresividad típica de los varones que aun no saben controlarse.

El caso es que el recuerdo me llegó cuando fuimos a ver Ágora. El fragmento de la vida de Hipatia de Alejandría que nos ofreció Amenábar me pareció muy edificante. Quizá un poco sacado de contexto, pues esta mujer se comportaba claramente como una occidental actual en muchos aspectos. Luego, también vimos una parte de la historia de la iglesia católica que, junto con otras partes de la Historia (como, por ejemplo, esa época en la que los israelíes eran terroristas en Palestina) muchos no quieren ver. La época en la que los cristianos perseguían a otras religiones buscando eliminar la competencia.

Y es aquí donde el deseo de no luchar se diluye ante la ignorancia y cerrazón del oponente. Y es eso lo único que me dejó un regusto amargo en la peli, que los dos antagonistas no se pondrían nunca de acuerdo para limar las asperezas entre ambos. E imagino que no hace falta decir quién no puso buena voluntad. Como siempre.


Responses

  1. Dejando a un lado la reflexión (en la que estamos de acuerdo) yo te pregunto: ¿Merece la pena palmar la pasta por ver la pinícula?

  2. Por ver una película española bien hecha y que no trata de la misma mierda de siempre, sin duda, sí. Es Amenabar uno de los pocos directores (o mejor dicho, uno de los pocos profesionales del cine) españoles que merece la pena apoyar con seis euros para que siga haciendo cine del bueno.

    Enjoy!

  3. Me ha gustado la reflexión. Yo me había ído más por la parte de que muchas de esas acciones las ves ahora en otros muchos puntos y no necesariamente en el tercer mundo o hace años. Reflexión motivada por uno de mis amigos que salió con la idea de que eso pasaba porque eran católicos (como si no pudiera haber un musulmán o un judío capaz de lo mismo simplemente porque no era católico). El último parrafo casi ni me había parado a pensar en ello y ahora me va a dar para un ratito.

    Y definitivamente, la película me mereció la pena. Aunque lloré muchísimo con la biblioteca cuando ya creía que tenía más o menos controlado el no sacar lagrimones a borbotones.


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