Posteado por: Andrés | julio 20, 2009

Acoso empresarial

No se trata de algo que sea punible por la ley, aunque debiera serlo. No sale en las noticias, ni se suele hablar de ello en las comisarías de policía ni nada. Me refiero a esas molestas empresas que tienen por costumbre vendernos sus productos sin que nosotros acudamos a ellas primero. Parece una “venta preventiva” en toda regla, es decir, ellos saben que tienes dinero, aunque no lo enseñes ni ellos sepan dónde está (aunque lo intuyen), así que mejor te asaltan para que te decidas cuanto antes a llevar a cabo la transacción económica.

A día de hoy es un fenómeno generalizado. Se han generado torrentes de post al respecto en la ojetesfera, millones de palabras, comentarios, etc. Pero hubo un comienzo para todo esto y yo estoy aquí hoy para hacer un pequeño resumen (muy personal) de la evolución del telemarketing. Veamos.

  • El primer recuerdo que yo guardo sobre este tema es de la venta a domicilio. ¿Quién no ha visto Eduardo Manostijeras? Allí aparecía el mítico “Avon llama” de mediados de siglo XX con el que amas de casa sin oficio ni beneficio se ganaron un sueldo digno, generalmente, vendiendo dentro de su propio vecindario. En la misma onda, las reuniones de venta que organizaban las comerciales de Tupperware (nunca conocí a ningún hombre que se dedicara a esto) son como de la misma época en mi registro memorístico.
  • Otro grupo empresarial antiguo en esto del tele-vendo son los Testigos de Jehová. Mi anécdota favorita con esta gente es aquella en la que vinieron a mi casa cuando yo estudiaba en Oviedo. Coincidió que estábamos en exámenes y que llevábamos (mi hermano y yo) estudiando toda la mañana, con lo que estábamos hasta los güevos. Los testículos picaron al timbre a las once y media, más o menos, con intención de entretenernos una media hora. Al final, los entretuvimos nosotros casi tres horas, dándoles la vara con el Antiguo Testamento  y todas las ostias que te enseñan (sí o sí) en los colegios religiosos (menos bromas, C.Murnau, que nos conocemos).
  • En orden de memoria, luego tengo el auge de los buzoneadores, aquellos primeros trabajos basura de la crisis de los 90. Te petaban el buzón de casa de mierda si estabas dos o trs días fuera y claro, al final los recibos se perdían y pasaban cosas terribles (¿qué cojones, por cierto, hacíamos antes sin Internet?). Más adelante, estos tipos evolucionaron sin desaparecer, hacia tres clases distintas de personajillo infraempleado: los tele-vendos telefónicos, los tele-vendos informáticos (o spam, para los geeks) y los tele-vendos al movil. A cada cual más vil, porque los primeros son como los buzoneadores. Solo hacen un trabajo para ganarse el pan y muchas veces se comen tu frustración con patatinas sin poder solucionar nada. Los segundos son viles porque hub un cabrón que se molestó en coger su anuncio de mierda y enviarlo con un generador de correos electrónicos o, más recientemente, tu servidor de correo le vendió esos datos (o se los robaron). Es otra frustración porque ni siquiera tienes una posibilidad de desahogo como la que ofrecía el telefonista. Y parecido pasa con el tele-vendo-movil, aunque si tienes un poco de suerte y el movil en vibración, te puede alegrar el día, más que jodertelo.

En fin, cualquiera de estos acosos son muy dificiles de eliminar, por supuesto, porque, con la crisis, no hay empresa que quiera renunciar a lanzar sus redes en ningún posible caladero de clientes. Y si no que se lo pregunten a Telefónica u otras empresas de telecos, lo fácil que es decir adios, ahí os quedais. ¡Uy, que ya lo he dicho! Pues eso.


Responses

  1. No me hables de telefonica, que “no quiere” coger clientes en puente arce porque de momento le sale muy caro. Al menos hay 27 personas en mi comunidad deseando tener telefono (es una urba nueva), pero es que buff hay que gastar pasta para poner telefono.

    Lo demas, que divertido es hacer perder el tiempo a la gente😀

  2. Me ha gustado mucho esta gran reflexión sobre la televenta (vale, no comentaré nada colegios de curas); que bueno es cuando una amable señorita, normalmente de nacionalidad exótica, te llama al teléfono fijo cuando estás en mitad de una buena siesta, y le respondes cosas creativas del tipo:
    — Que el titular de la línea se acaba de morir de forma trágica buscando la senda del Chupacabras o que estás muy ocupado metiendo a los niños en el horno para la cena y que en ese momento no la puedes atender.
    No sé, se me ocurre que quizás también podría estar en el primer punto de tu clasificación el fulano del círculo de lectores.

  3. Circulo de Lectores, Timofonica, Jazztel, Vendedores de tarjetas, Propaganda del MediaMarkt…
    GASOLINA Y UNA CERILLA.
    A los Testigos de Jehova los perdono porque de vez en cuando me vienen a ver y paso un rato ameno.


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