Posteado por: Andrés | mayo 28, 2009

Nada de Nada

Era una tarde espléndida, acariciada en todas sus vertientes por un hermoso velo de traslúcidas nubes. Seguía allí encerrado, viendo aquellas hermosuras etéreas trasladarse como perezosos gatos de una habitación a otra. Seguía allí sentado, pensando en una sucesión de hermosas palabras que nunca llegaban a nacer de sus labios, que morían en el pensamiento, que desaparacían antes que embriones de sentimientos, siquiera.

Cuando sonó la alarma, aquello fue un hecho liberador, una centella en la luminosidad del cielo embellecido. Joyas de fantástica iridiscencia, ojos en el cielo, manos vacias. Palabras sin una imagen asociada. Y una silla vacía, trampolín de una maravillosa salida, un comienzo glorioso, una música de gloria, de luz, de heroicidades propias de viejos y muertos tiempos, que vuelven para decirnos que seguimos siendo humanos y sentimos.


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