Posteado por: Andrés | enero 20, 2009

Ira (III)

A veces, uno no puede dejar de pensar en los tiempos en los que las personas que se dedicaban a la política en España eran personas serias o, al menos, se comportaban con algo de compostura de cara al público. Pedro Solbes sería un ejemplo actual de lo que intento explicar y (aunque no quería hacer una diferenciación ideológica en este aspecto, porque en todos sitios cuecen habas) Soraya Saez de Santamaría sería un ejemplo en el sentido contrario (ah, ya me acuerdo de un ejemplo que neutralice mi afirmación: Carme Chacón).

Sinceramente, a mí, como votante, me importa un pijo la vida privada de los ministros y políticos, porque no creo que su capacidad de conciliación laboral sea de mi incumbencia (en todo caso lo será del que le tenga que dar una media jornada… ¡pero qué digo, Dios mío!) ni quiero saber cómo son en la intimidad de su dormitorio, ni el fondo de armario que gastan, ni si sus cónyuges son la hostia de graciosos, ni muchas otras cosas que sirven para tener una buena imagen corporativa (sí, exactamente lo que he escrito), pescar votantes en cada convocatoria y perpetuarse en el puesto de trabajo.

No, como votante, como ciudadano y como persona administrada, yo quiero que un político sea una persona seria, de capacidad de gestión contrastada y contrastable y con un sentido de la responsabilidad exquisito. ¿Por qué estos requisitos? Pues, sencillamente, porque en una crisis como esta, alguien con estas características tendría, primero, la cabeza fría para tomar decisiones audaces, que no serían cuestionables debido a lo que sabemos de su pasado como gestor y que, cuando salgan mal (o bien, pero los ciclos se agoten, porque todo termina en esta vida, señor Fraga) pues tomen la salida honorable y honrada de la dimisión, con aceptación de la responsabilidad propia (pero ni un gramo más).

¿No sería bonito vivir en un país con políticos como estos que acabo de describir? Claro que lo sería, pero es que concurren dos circunstancias, primera, que somos españoles y nuestro caracter, desde que yo tengo uso de razón, nunca ha sido parecido (ni de lejos) a lo que yo acabo de exponer, con lo que se aplica el axioma que dice que cada uno tiene lo que merece y, segundo, dudo mucho que en algún país del mundo existan políticos de semejante pelo (aunque esto puede ser debido a mi desconocimiento del medio que me rodea al salir de Santander). Quién sabe, igual en veinte años cambiamos el chip y no nos conoce ni la madre que nos parió. Ese día, señores, yo me comprometo a comerme mis palabras una a una, aunque al paso que vamos me voy a quedar con más hambre que el perro de un ciego.


Responses

  1. Búscate otra cosa para picar, porque me temo que palabras no vas a comer de aquí a veinte años, al menos por esto. Esto es Hispania y aquí las cosas van así, e irán así por mucho tiempo. Creo.

  2. Pues a este paso, te tirarás mucho sin comértelas.

  3. No, si ya. Al final podré tocar el xilófono sobre mis hermosas costillas…

  4. Los buenos políticos son demasiado inteligentes como para meterse a políticos. Además, los que podrían hacer las cosas bien pronto se encuentran con las manos atadas. O no saben donde se meten y no saben por donde salir… y luego me tocará tener que hacer sentadas por un tema que se han encargado tanto de embrollar que ya no sé ni por donde me sopla el viento. Vamos, que en estos momentos estoy que me hago anarquista.

    (con las manifestaciones me pasa como las banderas, las evito todo lo que puedo)


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