Posteado por: Andrés | noviembre 18, 2008

Un post para volver, porque me da la gana

Siento que me disipo, igual que el tiempo entre mis dedos y no aprovecho la vida que me ha tocado en suerte.

Junto a tí, todas las mañanas solían tener sentido; aquel día, sin embargo, las nubes salieron del bosque en dirección a nuestra torre inmaculada y profanaron el jardín. Las mañanas dejaron de tener su sentido completo.

Los días corrían libres siempre que me acompañabas. La sonrisa de tu rostro ofuscaba al sol con su brillo y tu caminar era el cantar que despertaba la frescura primaveral de la hierba invernal. Pero ese día, las nubes treparon por el marfil de nuestros muros y empañaron nuestras ventanas. Los días ganaron horas y perdieron amor.

Las noches eran nuestro santuario sagrado, nuestro panteón completo y complejo. Entre tus brazos, el rostro de un antiguo dios olvidado volvía a la vida durante nuestras uniones. Sin embargo, las nubes nos mataron la intimidad entrando por la celosía que nunca cerramos por confiar demasiado en nuestro entorno. Las noches se convirtieron en el trámite de una nueva mañana.

Y así, quedaron proscritos los días esperanzadores de nuestra existencia.


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