Posteado por: Andrés | junio 26, 2008

El humo y el encendedor

Divagas, divagas, divagas horas enteras. Se pasa el día entre humo y nubes, a través de un cristal que no puedes tocar, que sabes que no puedes alcanzar. Incluso sabes que no está ahí, que son tus ojos que te engañan.

Divagas el día entero, como si fuese un trabajo a jornada completa, o más bien, una beca no remunerada. Pero nada; no llegas a conclusión alguna. No deseas hacer nada porque cualquier opción te aburre antes de ponerla en marcha.

Fumas (resulta extraño, ¿verdad?, ya que no recuerdas haberlo hecho nunca antes). Expulsas el humo como un profesional, esperando que, en algún momento, sus evoluciones te muestren el punto por donde escapar de esta fantasía inmovil. ¿De verdad lo crees?. El maldito humo sigue ahí al cabo de una hora y ahora casi ni puedes ver a través del cristal por la densidad que acaba de adquirir la atmósfera. Decides dejar de fumar, pero ya tienes otro cigarrillo en tu boca, seco e imposiblemente largo. Debería doblarse en algún punto (lo calculas mentalmente, efectivamente) o chocar contra el cristal de tu celda cuando miras a la ventana (pero no, compruebas desalentado; esto permite extraer la conclusión de que la habitación es mayor de lo que aparenta). De nuevo, pues, fumas, aunque no recuerdas haber empezado. De hecho, sabes que tú no fumas, así que, ¿qué demonios haces ahumando la habitación de modo tan torero?. No encuentras explicación, como tampoco encuentras modo de salir de esa habitación, o manera de tocar el cristal.

De repente caes en la cuenta de que no has encendido el cigarrazo. ¿Cómo, entonces, puedes fumar? Quizá tengas un mechero en el bolsillo, aunque sabes que no es así. Un vistazo rápido por la habitación (el cigarrazo no topa con ningún objeto, de manera que todas las referencias que tenías se han ido al carajo. Hay que recalcularlo todo, amigo) y ves un encendedor en una repisa que parece estar separada de tí por un centenar de metros (¿Y con tu sueldo de mierda te da para pagar la monstruo-hipoteca de este piso?). Seguro que puedes llegar hasta la repisa y cogerlo. Puede que si lo haces, te sientas más seguro, que manosearlo te proporcione alguna referencia sólida, cercana a lo real, las distancias vuelvan a ser las que recuerdas, puedas llegar al cristal, abrir la ventana, dejar de fumar y salir de la habitación.

Te sobrepones a la desidia de pensar en ponerte en movimiento y te concentras en moverte, eso sí, sin romper el cigarro, sin permitir que se doble en ese punto concreto que has calculado. Pareces un puto equilibrista, si tu reflejo en el espejo es correcto (aunque a estas alturas ya no te fías). Con los brazos en cruz, cual funambulista andando por el cable, comienzas a moverte sobre la alfombra, que más que alfombra de cortas fibras, parece un perro de lanas sin trasquilar, un rebaño entero de ovejas antes del verano, las pelambres que lucías en tu época de heavy. Vamos, que no ves un carajo. Podría haber un león acechando tras las fibras lanosas y tú ni enterarte. Claro que, mirando hacia el techo (recordemos que el cigarrillo no puede doblarse/dañarse) no podrías detectar ni a tu madre justo delante tuyo. Sin embargo, te las apañas para avanzar, gracias a que tienes un machete (¿Por qué no?) y finalmente sales de la inmensa alfombra/selva que desconocías poseer en tu habitación. Tras zafarte del comité de bienvenida (orquesta, alcalde y pancarta de turno, aclamando al audaz explorador), comer algo en un bar de carretera que había por allí y hacerte con unas nuevas botas de escalada, enfrentas medio día de ardua marcha, en la que tienes que pedir indicaciones a varios lugareños para orientarte correctamente. A todo esto, ya te has fumado la mitad del pitillo y resulta más manejable entre tus labios, aunque sigue siendo un coñazo a la hora de andar raudo el evitar que se doble (has tenido que recalcular el punto una docena de veces a lo largo del día)

Bueno, el tema es que al final llegas a la repisa. Lo tuyo te ha costado y te mereces el trofeo, ese pedazo de mechero (que no es tuyo ni de coña) que entre tus manos se convierte en fetiche, perfecto para percibir cómo, en un pequeño lapso, las distancias se acoplan a lo que recordabas de otros días. Incluso parece que puedes vovler a fiarte del espejo. Y te das cuenta de que el humo no es tan espeso y de que hay una puerta…

Que seguro lleva a la calle. Uhm, dificil decisión; a fin de cuentas, ya sabes de qué va el rollo aquí dentro, pero fuera…

Nah, las dudas para los débiles y ya que fumamos, debe ser que somos tipos duros, así que allá vamos. Con el mechero bien agarrado, atraviesas de dos pasos la distancia que antes parecía insalvable, incluso inexistente en la percepción humana, agarras el pomo de la puerta y giras, empujando la hoja de madera hacia fuera…

Ves entrar en la habitación a un tío que se parece horrores a tí. Trae un cigarrillo medio consumido en la boca y un mechero enorme en la mano. Te mira con sorpresa, sin comprender realmente qué haces tú ahí, fumando y mirando por una ventana. Coño, si tú nunca has fumado…


Responses

  1. Me has entretenido un rato. Gracias.

    Efectivamente, el tabaco es una mierda.

  2. he intentado dejar varias veces de fumar y he vuelto otras tantas… maldita droga😛

  3. Que relato más entretenido, si que tienes talento. Muy bueno, si que es entretenido, a ver si sirve para que alguien se planté dejarlo.
    El tabaco mata, el tabaco KK.


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