Posteado por: Andrés | junio 8, 2008

Vacío

Hubo una tarde que me asomé al vacío. No, por la ventana del salón no, al Vacío. Muchas veces piensas que la vida es todo lo completa que puedas desear, pero en lo más profundo de tu persona, en tu alma, sabes que algo no marcha bien. Trabajas, tienes dinero para gastar (y vaya si lo gastas, porque ese televisor de 30 pulgadas no se ha mudado a tu piso de motu propio, te lo has traído), tienes pareja con quien follar, sales con tus amigos, ves cine, televisión, lees, escribes, discutes, votas, dudas, te equivocas…

Y ahí está, dudas y la cagas.

Realmente, estás donde estás por inercia. Quizá crees que tú elegiste la vida que tienes, pero si te pones a pensar en ello, tus padres guiaron tu infancia, o fue la televisión, o el interné ese de ahora. La decisión de estudiar fue suya; igual tú querías tocarte los huevos a dos manos, pero nadie te preguntó. Entrar en la universidad ya estaba incluído en esta decisión, por lo que no cuenta. Empezaste a salir/beber/fumar/follar porque todo el mundo te dijo que estaba de puta madre (a su vez, todo el mundo comenzó de la misma manera que tú). Luego te tuviste que buscar un trabajo para poder seguir saliendo/bebiendo/fumando/follando, lo que te llevó a donde estás ahora. Y cuando piensas en todo ello, cuando reflexionas seriamente en lo que implica de tu tiempo pasado y en lo que conlleva para tu tiempo futuro, entonces dudas de tí mismo, la cagas y le ves los colmillos al Vacío. Ese sitio intangible, oscuro, infinito. Sabes que no tiene sentido, pero existe porque todo lo que te rodea tiene tan poco sentido como el Vacío mismo.

Te asomas.

La primera vez, te deja acojonado y tienes que volver a esconder la cabeza en tu agujero de avestruz. Entonces cambias de trabajo y tu horizonte se expande. Ganas más, bebes más, follas más. Involucionas y parece como si volvieras a tener 16, todo es optimismo y las tías vuelven a estar cachondas y los pavos siguen teniendo esa sonrisa que promete bailar, flores y poesía. Pero vuelves a pasar por esa ventana…

Y te asomas.

Entonces comienzas a comprender, un poco; porque realmente ya no tienes 16 y ni las tías están siempre cachondas ni los tíos son Príncipes Azules. Y te das cuenta de que, en realidad, no son colmillos. El Vacío tiene pequeñas estrellas, como una noche despejada. Y aunque no es cálido, posee una belleza innata que penetra en la mente como el viento primaveral, arrastrando mucha porquería/tontería. Y te das cuenta de el Vacío sólo quiere decir una cosa: NO HAY SENTIDO ALGUNO.

Entonces ves más allá. Las cosas no son de ningún color, no hay blanco, negro, ni escala de grises. Las cosas, símplemente ocurren y nosotros (tú) estamos ahí para observarlas, acomodarnos si es posible y triunfar en nuestro particular juego, siguiendo su estela. ¿Quiénes se creen que son esas personas que se dicen héroes?¿Crees que han mirado, que han escudriñado el Vacío?. Porque está en todos, no lo dudeis ni por un segundo. Los hombres y las mujeres portan uno en su interior y la mayoría de ellos lo rechazan porque no son capaces de comprenderlo, de integrarlo en el conjunto de su persona, de sacarle partido.

Asomaos al Vacío. Entendedlo. Integradlo. Negad el sentido y sacadle provecho al momento que tenemos entre manos. Contadme cómo es vuestra ventana…


Responses

  1. Has hecho que se me salte una lagrimilla porque te tengo que dar toda la razón. Será cosa de la edad, que somos unos putos viejos capullos.
    Eso y la academia, que nos ha quitado la vida.
    Por cierto, la última frase me recuerda a la letanía Bene Gesserit.
    Ah, por cierto, lo de asomarme al vacío lo dejo para después del verano, que igual me asomo y no defiendo la Tesis.

  2. Gracias; esa lagrimilla cuenta. No había caído en lo de la Bene Gesserit, pero efectivamente, suena como la Letanía del Miedo.

    Y otra cosa, no creo que vayas a tener muchos problemas al asomarte a la ventana, por lo menos no el de echarte atrás en la defensa de tu Tesis.

  3. Prefiero dejar que el vacío se asome a mi.

  4. Gran reflexión. Yo estoy en la etapa de haberme asomado una vez y estar un poco acojonado. Quizás, dentro de poco, me vuelva a asomar, pero por ahora prefiero esperar… por si acaso.


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