Posteado por: Andrés | junio 4, 2008

Justicia

Buenas chavalería. Hoy vengo a vosotros con un ejemplo edificante a la antigua usanza. Hoy vamos a hablar de cómo se imparte justicia en este país de feria y pandereta.

Bueno, primero hay que ponerse en antecedentes. Vaya por delante que la narración del hecho se refiere a hace seis meses, concretamente al 24 de diciembre, de modo que puede verse alterado por mi subjetividad o por las cicatrices gliales que mi corteza haya acumulado en este lapso de tiempo.

Pues la cosa es que en dirigiéndonos hacia casa de mis suegros, observamos mi mujer y yo un individuo que salía de un coche, se dirigía hacia una papelera, introducía la mano en ella, se retiraba veloz y, acto seguido, la papelera estallaba. Lógicamente, el tipo le había metido un petardo potente al mobiliario urbano. Pues nosotros hicimos ademán de pararnos a coger la matrícula del coche, que comenzaba a retirarse, pero el que conducía tuvo los santos cojones de bajar la ventanilla para increparnos por dicho acto y para amenazarnos con bajarse, seguirnos y tomar nota de dónde vivíamos, invitándole nosotros a que lo hiciera si a tanto llegaba su hirsuta virilidad.

Por supuesto, mencionado miembro no llegaba tan lejos y los tipos se dieron a la fuga. Pero nosotros íbamos con los cascos calientes y, ya en casa de mis suegros, llamamos a la policía local para poner una denuncia. Esto es lógico, porque ya que tanto se habla de que los niños (y no tan niños) carecen de unos límtes disciplinarios claros, lo cual les lleva a ser como son y portarse como lo hacen, pues los ciudadanos a los que aun nos quedan dos dedos de frente tenemos que hacer algo por ellos. La cosa es que, cuando llegó el agente, los energúmenos habían vuelto a colocar la papelera en su soporte, pero el boquete causado por la explosión permanecía, lógicamente. Dimos parte del incidente, de las amenzas y de la matrícula del coche.

Y yo pensé que allí terminaba todo, pero no amigos. La policía local localizó al titular del coche y lo empapeló fino, con un juicio por faltas que se celebró ayer. Nos citaron a mi mujer y a mí como testigos (supongo que de la acusación) y allí nos plantamos. Servidor entró el último a testificar y no vi lo precedente, pero lo posterior no tiene desperdicio, porque el conductor y titular del coche había llevado a su madre como testigo, quien dijo que, efectivamente, el día de autos, su hijo había comprado pirotecnia con ánimo de tirarla en la calle, pero que nunca dentro del mobiliario urbano. Interpelado el acusado una vez más, dijo que había traído, atención, a quien había tirado el petardo dentro de la papelera, a la sazón un primo suyo. Citado este hombre como posible acusado, decleró que él había tirado un petardo, pero debajo de la papelera. Y digo yo, ¿con qué cara miras a tu primo cuando le dices que le vas a citar como testigo a favor tuyo y luego lo llamas como el que tiró el petardo dentro de la papelera? Vamos, yo me entero de esto y, además de retirarle la palabra, le doy las dos ostias que sus padres hubieron de darle cuando era chico, pero que nunca llegaron a destino.

Pues la juez ponía cara de ¿y para esto he hecho yo una oposición de cagarse la perra? mientras escuchaba a ambos fulanos intentar defenderse, tras lo que estableció que habría un nuevo juicio para el niño de la papelera al cabo de una semana ( que será lo mínimo que se tarda en mover un papel entre el maremagnum de la Administración, digo yo.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de aquí?:

  1. Hace falta darles más disciplina a los hijos de uno y a los de los demás tambien. Debo hacer un post sobre el carnet de padres por puntos, porque las cosas dentro de las familias no funcionan, señores; y aquí estoy yo para dar soluciones, claro que sí.
  2. La ciudadanía debería tener conciencia de que las cosas no se pueden hacer sin sufrir unas consecuencias determinadas. Esta idea general de impunidad es una derivación de este tipo de educación sin disciplina.
  3. Nunca te fíes de tu primo.

Y hasta aquí esta lección moral y edificante, cortesía del sistema judicial español. Continuad siendo buenos ciudadanos, no delincais, que siempre hay alguien mirando. Y si aun así decidís tirararos a la piscina, meteros bien, hasta el corvejón, que ir para nada es tontería. Saludos.


Responses

  1. Es triste, pero me ha dado la risa lo de no fiarse del primo…
    Aunque, pensándolo bien, el Hijo de la Grandísima Puta (Farruquito) le echó la culpa a un hermano, que tampoco tiene desperdicio.
    Dicho esto, a ver si no os tocan más los huevos y la cosa acaba bien (con sanción). Y la próxima vez, ostias a puntapala.

  2. Lo de que no vieses lo anterior es para que no estuvieses influido por los anteriores testimonios, pero eso ya lo sabrás, así que esta parte del comentario es inutil.

    En cuanto a lo de los tarugo estos, la educación se recibe en casa, y si eso falla, fala todo el sistema.

  3. La juventud lo que necesita son dos leches a tiempo, ni más ni menos. Tras esto, ya se puede educar mejor.


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