Posteado por: Andrés | abril 19, 2008

Restaurante Las Olas

Bueno, hoy quiero hacer leña con un árbol que no ha caído, pero da lo mismo. Hoy hemos comido en el restaurante Las Olas aprovechando que Ablín y Uva han venido a pasar el finde a casa. En bastantes sitios de internet este restaurante-marisquería se vende como uno de los más exclusivos de Santander y si nos fiamos sin más referencias, así nos pasará como hoy a mi familia y a mí.

El local es un bajo comercial antiguo reconvertido que conserva pilares de fundición de hierro. Está organizado en dos plantas, una baja donde se pueden beber vinos blancos (siempre que no sea ribeiro) y ver la cocina abierta del local. Esto es un punto a su favor, porque se puede ver cómo se prepara la comida y comprobar que los alimentos están frescos y no precocinados ni congelados. La segunda planta contiene el comedor, que está abierto sobre el bar lo cual le da un ambiente contínuo al local y permite que la ventilación sea homogénea, olvidándonos de que se trata de un local donde se permite fumar.

Bueno, ya está bien. El comedor es pequeño, por lo que es ideal para venir con tu pareja antes que con un grupo grande de personas. Además, sus techos son bajos, con las molestias que eso conlleva. Por otra parte, la carta que presentan es bastante incompleta para ser una marisquería de la élite, pues no tienen marisco de vivero como los centollos, que debe estar presente en toda buena mariscada; por otra parte, la carta de vinos es bastante surtida y correcta para una marisquería.

En cuanto al servicio, deja bastante que desear. Hay dos personas sirviendo en el comedor, una para tomar nota de las comandas y servir algunas mesas y la otra para servir mesas exclusivamente. Me dio la sensación de que era esta segunda persona la que mejor conocía el funcionamiento de la cocina y lo que pasaba dentro de ella, ya que, cuando se nos dio el menú no se nos indicó ninguna excepción en el mismo y cuando fuimos a realizar la comanda resultó que no teníamos a nuestra disposición:

  1. Centollos
  2. El bacalao
  3. El pixín (o rape)

Con este panorama, sentimos que habíamos sido engañados y a punto estuvimos de levantarnos de la mesa y dejar la comanda sin hacer pero, todo gracias a nuestra madre, decidimos que una inutil del carajo camarera no nos iba a amargar el día. Comimos bien y resultó que descubrí que me gustan las colas de santiaguín, cosa que sorprendió a propios y extraños.

Conclusión

Si tienes que ir a Santander y quieres que te atiendan bien, no te acerques por Las Olas, o llama antes y pregunta qué es lo que tienen ese día en la cocina. Saludos a tod@s.


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