Posteado por: Benton | marzo 15, 2009

Las Guerras Púnicas: Antecedentes de la Primera Guerra Púnica

Hace mucho tiempo, C.Murnau pidió que, durante las Navidades de 2008, publicara alguna entrada sobre táctica militar, como la más famosa de este blog, la Línea Oblícua. Examinando la Historia, a ver qué podía ofrecer a mis escasos lectores, me he dado cuenta de que lo que me pedía el cuerpo era elaborar una entrada sobre las Guerras Púnicas, probablemente el conflicto de mayor envergadura humana de la Antigüedad. De modo que aquí estamos, introduciendonos en el mundo del Mediterráneo del siglo III A.C., en el que vamos a analizar a los dos beligerantes, los antecedentes de la confrontación, las batallas, las estrategias, las conclusiones y sus consecuencias para todos los actores del momento.

Ya aviso que esto puede ser un coñazo del quince, así que ya sabeis, bajo vuestra responsabilidad. Vamos a ponernos en contexto un poquito.

Durante el siglo III A.C., la República de Roma había conseguido eliminar como competidora geopolítica a lo que se conoce como Liga Latina, tras haber formado parte de ella como socio prioritario, digamos. De la misma manera, durante dicho siglo y anteriores, el poderío militar romano en la península itálica se había afianzado al derrotar casi completamente a sus principales adversarios, las tribus sammnitas de la Campania, en una serie de guerras que culminarían, en el siglo I A. de C., con las Guerras Sociales.

En este contexto de poderío militar terrestre, los romanos controlaban de manera directa o indirecta, todos los territorios al sur del río Po, incluídas algunas colonias griegas de la Magna Grecia y ciertos contactos con las ciudades de Sicilia, pugnando al mismo tiempo por extender su control tanto en esta isla como por los territorios a orillas del mar Tirreno, tradicional feudo de su adversario más formidable, la ciudad-estado de Cartago. Fundada hacia (o entre) los siglos XIII y IX A. de C. por emigrantes de la ciudad fenicia de Tiro, Cartago controlaba la mayor parte de la costa marroquí, argelina y tunecina, las grandes islas del Mediterráneo occidental, la parte occidental de Sicilia y el este de Iberia. El establecimiento de asentamientos costeros sirvió a los cartagineses para obtener el control económico de su zona de influencia geopolítica en detrimento de las colonias griegas focenses de Massalia y Nicea, pero eso es otra historia.

El hecho es que en el año 288 A. de C., muerto el tirano siracusano Agathocles, una parte de sus antiguos mercenarios, los campanos mamertinos, tomaron, saquearon y pasaron por el cuchillo a los varones de la ciudad de Messana (la moderna Messina), quedándose para sí las viudas y sus posesiones. Vamos, el negocio redondo si Messana no hubiera sido otorgada a los cartagineses al concluir la Tercera Guerra Siciliana entre éstos y Agathocles (en el 307 A. de C.). No está claro si antes de que los mamertinos tomaran Messana hubiera una ocupación cartaginesa oficial, digamos, pero el hecho es que se trataba de una violación flagrante de los términos de un tratado de paz. Sin embargo, la situación se mantuvo, pues nadie tenía intención o capacidad para revertirla, pues Cartago se hallaba en guerra con Pirro de Épiro (llamado en su auxilio, entre otras ciudades griegas de Sicilia, por los propios mamertinos) y Roma estaba ocupada subyugando las ciudades de la Magna Grecia, dirigidas por Tarento y (de nuevo) por los ejércitos de Pirro (Pirro está considerado por las fuentes clásicas, entre ellas Plutarco, como uno de los mayores generales de la Historia, pero desde mi punto de vista, un hombre que con sus actos ayuda a acuñar la expresión “victoria pírrica” como sinónimo de una victoria que, de costosa, conduce necesariamente a la derrota en el corto plazo, no me merece este calificativo). Todos estos acontecimientos bélicos hicieron que Roma y Cartago estuvieran cortamente aliadas y sirvieron para que tanto Roma como Cartago afianzaran sus posiciones en sus respectivas esferas de influencia italianas, la primera porque consiguió ocupar Tarento y toda la Magna Grecia tras vencer a sus enemigos y la segunda porque recuperó el control efectivo de sus antiguas posesiones sicilianas al abandonar su enemigo el terreno del conflicto.

A todo esto, los mamertinos seguían con lo suyo, practicando la piratería en el mar y el bandidaje en la tierra circundante a Messana, de manera que obtuvieron el control de la parte noreste de Sicilia y, digamos, recibían tributo de las poblaciones circundantes a través de la rapiña violenta. La población desplazada por las actividades delictivas de esta gente dio noticia de lo que ocurría a las autoridades de Siracusa, que en esta época, tras la muerte de Agathocles y la partida de Pirro, era un antiguo oficial del último Hieron, elegido strategos por los ciudadanos siracusanos. Bien, este hombre llevó a cabo una campaña contra los mamertinos y su bandidaje que le llevó a derrotarlos en la batalla de Mylae, en la costa norte de Sicilia y a asediar Messana, tarea esta en la que fué estorbado por las actividades diplomáticas de los cartagineses, abandonando la empresa. Esto ocurrió en el año 270 A. de C. y a consecuencia de ello, los siracusanos hicieron a su general rey.

En el año 265 A. de C., sin embargo, Hieron II volvió a asediar la ciudad y los mamertinos pidieron la ayuda tanto de Cartago como de Roma en la creencia de que la reciente alianza entre ambas potencias contra Pirro jugaría en favor de su causa. Los cartagineses ocuparon (esta vez sí) Messana con una guarnición dada su proximidad geográfica, mientras que Roma consideró grandemente su respuesta a la petición de auxilio, dado que estarían ayudando a una “potencia” surgida de un hecho ilegal, como fue la violación del tratado entre Siracusa y Cartago que hemos mencionado. Por otra parte, los senadores romanos entendían que dejarle las manos libres a Cartago en Sicilia, con la ocupación de un punto clave en el control del estrecho de Messana y de todo su tráfico naval, era mucho permitir. En consecuencia, la decisión fue sometida a la votación en la asamblea del pueblo y se decidió aceptar la petición de ayuda de los mamertinos y entrar en guerra con Cartago.

Bien, hasta aquí los antecedentes de la Primera Guerra Púnica. Toda la información con la que os he agredido la podeis encontrar y consultar por vuestra cuenta en la Wikipedia, pero creo que aquí está expuesta de una manera un tanto más amena. En próximas entregas, explicaré un poco cómo se organizaban ambos ejércitos, sus panoplias, las principales batallas y las consecuencias del conflicto.

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Responses

  1. ¡Bravo! Y gracias por este post.

  2. Los mamertinos eran la caña. Me ha gustado mucho. Espero con impaciencia las siguientes entregas.

  3. Me encanta. Lo más seguro es que la relea alguna que otra vez más, pero ya espero con ganas la siguiente entrada.

    Siempre me gusta saber historias de piratas… de pequeña quería ser una (bueno, de más pequeña jeje).

  4. Tengo el presentimiento de que los cartagineses van ha recibir una leccion acerca de por que no meter sus narices en “El espacio vital” romano….

  5. helpful post.

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