Hay un camino retorcido y oscuro en la mente de todos. No suele tener muchas intersecciones, porque no lleva ninguna parte, sino que sólo se puede llegar hasta él. Por este motivo, salir de esta senda obliga en muchas ocasiones a retroceder. Siempre vamos a perder tiempo buscando la salida, intentando volver al sendero principal, donde nuestro tiempo y energías gastadas tienen un sentido que nos resulta claro y conciso la mayoría de las veces.
Creo que resulta evidente que a este camino no se llega por gusto. Siempre llueve sobre él (y nosotros no llevamos paraguas), nunca se hace de día (cuando más luz hay es porque hemos llegado con el atardecer y así permanecemos hasta que logramos encontrar la salida). Esta perpétua noche, en la que esas aves símbolo de la sabiduría griega no nos acompañan, nos convierte en seres diminutos encarcelados en un lugar diminuto. Percibimos la vida como algo pequeño y carente de sentido; ¿acaso alguien se puede sentir realizado cuando todos los esfuerzos que realiza se diluyen como la lluvia sobre el mar?
Bueno, da igual, creo que la mayoría de las veces, el camino retorcido se desvanece ante nuestros ojos y los pies vuelven a andar sobre la senda correcta casi sin hacer ningún esfuerzo. Saludos.
Escrito en Chorradillas, Reflexiones